Almohadas ¿con qué frecuencia hay que cambiarlas?

Almohadas

Así como debemos cambiar de colchón cada cierto tiempo, así debemos cambiar nuestras almohadas, de esta manera garantizaremos un buen descanso. Cuando llevan mucho tiempo de uso comienzan a generar molestias cervicales, alergias y hasta problemas dentales. Hoy te hablaremos sobre las almohadas, con qué frecuencia hay que cambiarlas.

Seguro alguna vez te has preguntado ¿cada cuánto debo cambiar mi colchón? Pero, ¿te has planteado en saber la frecuencia en la que hay que cambiar tu almohada? En el caso de los colchones, se recomienda cambiarlos cada 10 años, pero en el caso de las almohadas deben ser cada 2 años. Su durabilidad depende de la calidad y del material.

Cuantas veces hay que cambiar las almohadas

Veamos según los diferentes tipos de almohadas cuántas veces hay que cambiarlas y cómo son.

De fibra

Las almohadas de fibra son las de uso más extendido. Hay muchos tipos, desde el simple poliéster y algodón hasta las más sofisticadas que poseen propiedades antibacterianas y antiácaros.

Las almohadas de fibra están compuestas de un material sintético que permiten que pueda ser lavada fácilmente en casa, por lo que nos da la posibilidad de mantener las condiciones de higiene. Sin embargo, con el paso del tiempo se van apelmazando y empiezan a perder volumen, entonces hay que irlas ahuecando para que recuperen su altura. Si la almohada es de fibra de baja calidad puede que en apenas un año ya empiece a deformarse. Ahora bien, si es de fibra de mejor calidad garantizará una comodidad de unos 2 a 3 años, según el uso que se le dé.

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Viscoelástica

Una de las principales características de la espuma viscoelástica es su ductilidad, porque se amolda a la cabeza y al cuello cuando se apoyan sobre ella. Resultan ideales para aquellas personas que durante el sueño cambian de postura de lado con la de boca arriba.

El material viscoelático es más denso que la fibra, por lo que este tipo de almohada posee mayor firmeza y durabilidad. Sin embargo, limpiarla no resulta tan simple como las de fibra, por lo que lo más recomendable es que se use con una funda protectora de este material. La organización estadounidense National Sleep Foundation aconseja cambiarla cada dos o tres años, aunque recomienda estar atento a su aspecto por algún signo de desgaste antes de tiempo.

De látex

El material látex viene en diversos tipos de calidad, aunque suelen ser almohadas blandas y mullidas, muy propicias para los que prefieren hundir su cabeza en la almohada. Es necesario elegir el tamaño adecuado para que, según la elasticidad, la cabeza adopte una posición correcta al dormir.

El tiempo de vida de una almohada de látex es de aproximadamente de 3 a 4 años. Se deben cambiar cuando pierden su capacidad de volver a su estado original. Si tu almohada no recupera su forma original una vez usada, está más baja de los normal o no se adapta a los movimientos…las señales son claras, ¡es hora de cambiarla!

De pluma

Las almohadas de plumas o plumón están fabricadas con plumas de oca, de ganso y de pato. En invierno suelen ser muy cálidas y en verano muy frescas. La desventaja de ellas es que no proporcionan un gran volumen, por lo que suelen ser bajas y pueden producir alergias.

Las almohadas de plumas o plumón se caracterizan por ser suaves y mullidas, por lo general deben cambiarse entre año y medio a tres años o más de manera consecutiva. Este tipo de material no se aconseja mojarse porque pierden su calidad. Además, la opción del plumón sintético tiene una duración de año y medio a dos años.

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Por qué hay que cambiar las almohadas

Las almohadas hay que cambiarlas tomando en cuenta algunos factores:

  • Las almohadas albergan gran cantidad de ácaros, también acumulan sudor, pelos, células muertas y grasa que originan malos olores y que de alguna manera afectarían nuestro descanso. Todos estos elementos ocasionan alergias, asma o acné. En este sentido, para evitar que esto ocurra es necesario lavar con frecuencia la almohada y la funda protectora. También cambiarla en el tiempo adecuado.
  • Con el tiempo las almohadas van perdiendo firmeza, por lo que ya no resultan cómodas para el cuello y la cabeza. Al perder volumen u homogeneidad es probable que generen dolores de cabeza, contracturas musculares e incluso problemas dentales. Para probar su firmeza, debemos colocarla en una superficie plana y doblarla, observar si recupera su forma original, en caso que no, es indicio de que hay desgaste en la almohada.
  • Nuevos hábitos o costumbres. Con el paso del tiempo van cambiando nuestras condiciones físicas y personales, por lo que es probable que necesites comprar una almohada diferente a la que adquiriste la última vez. Es probable que a estas alturas ya estés sufriendo de problemas cervicales, duermas con alguien o hayas adquirido la costumbre de dormir boca abajo. En cualquiera de estos casos es probable que ya estés necesitando comprar una nueva almohada.

Cuándo hay que cambiar las almohadas

A la hora de descansar nuestra almohada es la mejor aliada, por eso es indispensable saber cuándo van perdiendo sus características para reemplazarla.

  • Cuando la almohada pierde su forma original, tal vez esté perdiendo soporte. Quiere decir que está perdiendo la capacidad de mantener alineada las cervicales (cabeza, cuello y hombros).
  • Quite la funda decorativa a la almohada y revísela. Note si la tela se está adelgazando en algunas zonas o las costuras se están desgastando a tal punto que el relleno ya se sale. Es señal de que hay que reemplazar la almohada de inmediato.
  • Manchas amarillas. Nuestro cabello produce naturalmente aceite haciendo que nuestras almohadas adquieran manchas amarillas. Estas manchas pueden ocasionar que se produzcan acnés o reacciones alérgicas en la piel.
  • Si notas que con frecuencia estás presentando alergias respiratorias o gripes, por lo general en las mañanas, es probable que la razón sea la almohada. En este sentido, las almohadas suelen ser un ecosistema propicio para alojar ácaros, por lo que mantenerlas por muchos años las hacen ideales para albergar microorganismos.
  • Cuando la almohada está expuesta a la humedad, sus fibras empiezan a perder dureza y el relleno se disminuye con el tiempo. Por tanto, si ves que se moja ponla a secar al sol para que no produzca mal olor.

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